Cuando hacerse amigo del enemigo es el camino

Nunca me había cuestionado la relación con mi cuerpo, ¿por qué era importante alcanzar cierto estándar de “normalidad”? ¿por qué tanto miedo a engordar? ¿por qué siempre hay algo que cambiar? ¿por qué no he logrado aceptarme tal y como soy?

 Estas son algunas de las preguntas que me he planteado recientemente a partir de una búsqueda personal y profesional. Como nutrióloga, me formé pensando que la mayoría de las enfermedades son a causa de la obesidad y por la tanto las dietas restrictivas, el conteo de calorías, la ingesta recomendada de nutrimentos, fraccionar la dieta en cinco tiempos, las colaciones y la pérdida de peso eran la forma de lograr mejor salud.

Hay muchas cosas que nunca cuestioné y otras tantas con las que crecí que hacían imposible ver la realidad desde otra perspectiva.

 Especialmente como mujeres, desde una edad muy corta nos enseñan a que nuestro cuerpo es el enemigo. Aquel que no cabe en la talla de jeans que se supone deberíamos usar, un cuerpo con curvas, o demasiado delgado, el cuerpo de tiene vellos donde no debería, que guarda grasa donde no se ve bien, el cuerpo enemigo que no responde a nuestros esfuerzos de tener unas tallas menos, que sabotea nuestra rutina de gimnasio con antojo de un chocolate, ese cuerpo que es enemigo de nuestro ideal y con el cual no podemos disfrutar de la vida.

Lo bueno es que la vida nos permite evolucionar, cambiar de opinión y de rumbo. Nuestro cuerpo no es el enemigo, nuestro cuerpo es perfecto, equilibrado y cumple de forma increíblemente armónica su propósito de llevarnos a través de esta vida y es tan único como nuestra existencia. Aunque ¿cómo cuidar de nuestro cuerpo si lo rechazamos y criticamos tanto? ¿cómo cuidar de lo que no se valora? Lo que verdaderamente nos daña es crecer condicionados a buscar ciertos estándares de belleza, a creer que sólo hay un cuerpo bello y buscar la salud en la delgadez, daña profundamente querer convertir a nuestro cuerpo en algo que no es.

 Tener las respuestas de las preguntas que planteo al principio no es tarea fácil ni puede resumirse de forma breve, más bien he entendido que es un proceso constante. Continuamente somos bombardeados con mensajes que insisten en que el cuerpo es el enemigo y que hay que cambiarlo a toda costa para poder disfrutar plenamente de la vida.

 El bienestar comienza con la compasión y el amor hacia nosotros mismos lo que requiere valentía y sinceridad, implica dejar atrás viejas y dañinas creencias sobre la salud y recobrar la confianza en la sabiduría de nuestro cuerpo. Alimentarnos de forma intuitiva es dejar de ver al cuerpo como enemigo y comenzar a confiar en las señales que nos envía para nutrirnos de forma equilibrada y con disfrute en cada comida. Es hora de hacer las paces y permitirnos cuidar y honrar nuestro cuerpo disfrutando de una alimentación deliciosa y que traiga dicha a nuestras vidas.

Cada vez somos más los que creemos que salud tiene que ir de la mano con la compasión, la aceptación y la lucha por la igualdad. Deja tus comentarios, alza la voz y comparte :)

Acerca de la autora: Martha es nutrióloga y maestra de yoga, amante de la naturaleza, de comer, bailar, escuchar música y practicar yoga. Es fiel fanática de los hotcakes con tocino. En su recorrido personal y profesional ha podido entender que la alimentación involucra mucho más de diversos aspectos de nuestras vidas de lo que normalmente vemos y que las dietas crean una mentalidad de restricción, culpa, preocupación y otras conductas que refuerzan una relación estresante con la comida, y por lo tanto con nosotros mismos. Tiene una práctica privada de nutrición en la Ciudad de México. Puedes contactarla en minutricionconsciente@gmail.com.

Martha de la TorreComment